Los amores tardios
Los amores tardios —¡Y qué se le va a hacer! Ya viviremos a pesar de eso.
—Viviremos si nos dejan vivir; que es posible que no nos dejen. Para la mayorÃa de los españoles, Fernando Séptimo y Calomarde, cerrando universidades y abriendo la escuela de tauromaquia, debieron de ser los que mejor entendieron el paÃs, pero hoy, en el mundo, no se deja vivir a cada pueblo como le dé la gana, con su escuela de tauromaquia o de coreografÃa. Hay que tocar acorde con la orquesta mundial, o, si te parece mejor, con la murga de los paÃses civilizados. Al paÃs que quiere tocar su solo de clarinete o de guitarra en su rinconcito, los demás lo atropellan brutalmente.
Entre Pepita y Larrañaga, las conversaciones seguÃan siendo de este género, puramente intelectuales y conceptuosas; en cambio, sus miradas no expresaban nada general ni intelectual. HabÃa en ellos, como dos esgrimas, la de las palabras, puramente ideológica, y la de las miradas, que se referÃa profundamente a sus sentimientos.