Los amores tardios
Los amores tardios —SÃ; es una gente que no tiene conceptos parecidos a los nuestros. Sobre todo del dinero, tienen una idea muy especial, que ha triunfado y se ha apoderado de toda Europa y América. Para la mayorÃa de nosotros, el dinero tiene un valor oscilante, variable. ¿Se posee mucho? Pues entonces la unidad, la peseta, el franco, el marco, importan poco. ¿Se tiene una cantidad escasa? Pues entonces esa misma unidad vale mucho. Prácticamente, nosotros cambiamos de unidad. Tú, seguramente, en tu casa, en Bilbao, llevas la cuenta de la cocinera. Este manojo de perejil, que ha costado treinta céntimos, en vez de veinte, te hace protestar y decir que todo está muy caro; pero sales de Bilbao, tomas el tren y ya el valor de la moneda ha cambiado para ti, has tomado rápidamente otra unidad. Lo mismo me pasa a mÃ, y a casi todos nosotros; pero a los judÃos, no. Para los judÃos y para la gente de banca, la unidad nunca varÃa. Para nosotros, el dinero es una realidad como todo lo demás, más o menos necesaria, según las circunstancias y las necesidades. Para ellos es una entelequia, un sÃmbolo. Nosotros tenemos la idea realista y romántica a la vez del dinero. Ellos tienen la idea clásica.
—¿Y de qué crees tú que depende esto?