Los amores tardios
Los amores tardios AMOR DIVINO Y AMOR HUMANO
Hay un arsenal de viejas figuras amaneradas, artefactos que tienen su fondo verdadero. El sino de las verdades en la literatura es convertirse a la vejez en lugares comunes. Uno de estos artefactos retóricos, dignos de la alegoría, es la copa que ofrece la vida, unas veces llena de placeres, otras de amarguras.
La copa de la vida, como copa de guardarropía, es una copa de cartón pintada de purpurina; pero, aun así, tiene su realidad alegórica. Unos beben en ella, o, por lo menos, creen que beben, el espacio azul, el éter puro; otros, un líquido espeso, ardiente, hecho con vitriolo, alcohol y especias fuertes, y salpicado con gotas de sangre humana.
«La copa», Evocaciones
Los Van Leer se habían quedado a pasar el resto del verano en Scheveningen. Fernando los acompañaba, y tenía el gusto de ver a la holandesa que se bañaba en la playa casi desnuda.
Pepita decidió ir a Rotterdam, y Soledad con ella. Fernando iría y volvería. Era para él la mejor solución.
Larrañaga buscó habitaciones para sus dos primas en el segundo piso del hotel del Puerto, donde él vivía.
—Ya tenéis las habitaciones preparadas —dijo a las dos hermanas.