Los amores tardios

Los amores tardios

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Era muy buena muchacha, pero le faltaba salud. La muerte de esa chica me impresionó mucho. Me sentí misántropo, y pensé que toda la gente que me rodeaba era egoísta, estúpida y mezquina, quitando algunos infelices que venían a ser las víctimas propiciatorias de la crueldad general. Pensé volverme a España; pero… ¿no era también estúpida, egoísta y mezquina la gente de Bilbao? ¿No me había pasado la juventud reprochándoles esos defectos? Decidí quedarme. Al menos, aquí me dejan en paz.

—Siempre has tenido tú esa tendencia de misántropo.

—Es, en el fondo, exceso de sensibilidad y poco valor, quizá histeria. En esta época de hipocondría y de soledad, recordaba cosas que había hecho, o tonterías que había dicho como hechos actuales. Me avergonzaba y me ponía en ridículo ante mí mismo.

—¡Qué trabajos más inútiles!

—¿Qué quieres? Esto ha sido para mí lo peor. No he llegado a ser un hombre, como se dice, de una pieza; porque hay tipos que se lanzan a ser misántropos, solitarios, y lo son; no ven a nadie; eso está bien; pero yo, como digo, lo soy todo a medias. Un poco misántropo y solitario, un poco social, un poco bueno, un poco malo y siempre calamitoso.

—Y siempre también severo contigo mismo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker