Los amores tardios
Los amores tardios ASPIRACIÓN
Yo soy como esos relojes viejos que tienen la máquina trastornada no hay manera de componerla ni de arreglarla. Arrimados a la pared, con su forma de ataúd, desafían a los mejores relojeros. En la caja de esos relojes hay polvo y telas de araña, y entre dos pesas de plomo desiguales, que cuelgan de cuerdas negras, una péndola dorada, que como el corazón de la máquina que hace tic-tac, tic-tac, sin cansarse Aunque anden, estos relojes adelantan o atrasan, y cuando llega el momento de dar las horas, se disparan con ruido terrible en sonoras campanadas, y en vez del cuarto, dan la media, y cuando tienen que dar las doce, dan la una.
Estas campanadas insólitas parecen asombrar al mismo reloj de donde salen, y a todo lo que le rodea, y los muebles y los cuadros se piensa que se han de mirar unos a otros con extrañeza y con sorna, y hacerse un guiño burlón y confidencial.
«Definiciones», Croquis sentimentales
—En las amistades y en los amores —dijo Larrañaga— tengo salida de potro cordobés y parada de burro manchego.
—¿Por qué?