Los caminos del mundo
Los caminos del mundo Ya no me faltaba más sino que, después de haber sido vejado durante todo el camino por alemanes, holandeses, italianos e ingleses, viniera un ridículo chino a reírse de uno.
Al día siguiente, en compañía del chino, salimos de La Haya por las calles, adornadas con arcos de triunfo y guirnaldas para el paso del príncipe de Orange.
Llegamos a Maassluis, e inmediatamente fuimos al embarcadero a pasar un brazo de mar que comunica con el río Mosa.
En la punta del muelle encontramos un correo de gabinete inglés que se llevó con su comitiva las barcas. Esperamos a ver si volvía; pero como tardaba mucho, después de calarnos hasta los huesos tuvimos que retornar al pueblo.