Los caminos del mundo
Los caminos del mundo Las posadas en Maassluis estaban ocupadas, y nos repartieron en casas particulares. A mí me llevaron a la de un médico, donde no había nada que comer. Parece que el domingo hay por allá la costumbre de tener las tiendas cerradas. Comí unas patatas y un poco de queso y estuve en un cuarto calentado con una estufa de turba, que olía muy mal y que me dio dolor de cabeza. Mientras tanto, el médico, cirujano o lo que fuese, me echó un discurso en mal francés, diciendo que explicara a los españoles lo que era la tolerancia, y cómo allí convivían los católicos, los presbiterianos, los luteranos y los judíos en paz. Le dije que esto sería cierto, pero que en España, en cambio, no se tenía la costumbre de molestar a los huéspedes.
Se calló el médico y no me habló más.