Los caminos del mundo
Los caminos del mundo Al pasar por delante de San Sebastián se acercó a nosotros, de noche, nuestro agente el jorobado francés y republicano Julián Francisco Cognard, el cual nos dijo que suponía que Paulino Gouzier, el de Bayona, estaba en relaciones con la policía.
Aviraneta dijo que, afortunadamente, a Couzier no se le habían dado detalles de la conspiración y que, sabiendo que estaba vendido a la policía, se huiría de él.
Yo conocía los caminos de las Provincias Vascongadas, y Aviraneta también; así que no teníamos que preguntar para ir de aquí a allá, y dábamos la impresión de gente habituada al país.
Seguimos nuestro camino, llegamos a Bilbao y nos hospedamos en una posada de las Siete Calles.
Aviraneta y María salieron con el coche al paseo del Arenal y se pusieron a vender con gran frescura, rodeados de público, las baratijas, el agua de Colonia y el aceite de Macassar. Al volver a casa dijeron que habían vendido una porción de chucherías y de frascos. Resultaba que el aceite de Macassar y las baratijas eran un negocio.