Los caminos del mundo
Los caminos del mundo LOS LIBERALES DE BILBAO
FÁCILMENTE se podía comprender que nuestra misión, además de difícil, era muy expuesta. Como necesitábamos alguna justificación para entrar en España, a Aviraneta se le ocurrió que pasáramos como charlatanes vendedores de baratijas. Compró un coche en Bayona, con un toldo; dos caballos en Dax y una partida de cortaplumas, sacacorchos, jabones, agua de Colonia, aceite de Macassar y otras cosas. Por la distribución de funciones que hizo Aviraneta para el viaje, María y yo seríamos los amos del coche; Conchita, una muchacha recogida, y él, el criado y el cochero.
Nos proveímos de pasaportes falsos y nos dirigimos hacia la frontera.
Al cruzar el puente de Behovia me vino a la imaginación la idea de que todavía estaba en vigor un decreto de la Junta Central de Cádiz en que se declaraba a los ministros, consejeros y empleados del rey José traidores a la patria, a la religión y al rey; se les confiscaba los bienes, y además, de propina, se les condenaba a muerte.
Tardé bastante tiempo en desechar este recuerdo, que se me venía a la imaginación automáticamente.
