Los caminos del mundo

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De los más señalados entre los militares españoles de ideas liberales que se hallaban en este depósito eran el oficial asturiano Rafael del Riego y los dos hermanos San Miguel, Evaristo y Santos.

Los constitucionales tenían más simpatías entre la guarnición francesa, y algunos estaban secretamente ayudados por la logia masónica de Chalon.

En cambio, nosotros, los realistas, éramos odiados y sufríamos la mala voluntad de nuestros guardianes.

Pronto las discusiones entre constitucionales y realistas se hicieron tan agrias y violentas, que muchos tuvimos que dejar de ir al café del Saona.

Los oficiales franceses que nos custodiaban nos trataban lo más severamente posible; nos obligaban a acudir a una y a veces a dos listas diarias; no se nos permitía salir de noche, y solamente para dar un paseo fuera de las murallas había que pedir permiso, que no se nos concedía, o se nos concedía siete u ocho días después, cuando estaba lloviendo.

Tuve una época de fiebres y quedé entristecido, aburrido y abandonado. Se me hincharon las articulaciones de las manos y de los pies. En vez de llamar a un médico, no hice caso.

Por entonces, y en la cama, comencé a leer las obras de Chateaubriand que me había prestado la señorita de Angennes, sobrina de monsieur de Saint-Trivier.


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