Los caminos del mundo
Los caminos del mundo LA OSCURIDAD ALREDEDOR
LA noche para mà fue horrible; no pude dormir un instante; aquella escena final en el portal de la calle del Viento la tenÃa constantemente ante los ojos. A veces dudaba de que fuese una realidad.
Por la mañana iba a conciliar el sueño cuando me despertó un campanillazo.
—¡Ya está aquà la Justicia! —pensé.
Era MarÃa Visconti, que habÃa pasado la noche en el taller del Majo de Maravillas, atendida por la mujer y por una hermana del chispero.
Aviraneta se despertó y discutimos lo que habÃa que hacer.
Eugenio no recordaba detalles de lo ocurrido la noche anterior.
No hicimos la menos alusión a la muerte del fraile.
Nos parecÃa que bastaba que reconociéramos nosotros el hecho para que lo conociera todo el mundo.
Por lo que dijo MarÃa, a ella no la habÃa seguido nadie. Al entrar en casa no se encontró tampoco persona alguna.
—En cambio, yo parece que hablé con el sereno ayer noche —dijo Aviraneta.
—Eso me contó usted —repuse yo.
—¿Dije, no que le vi, sino que le hablé?
—SÃ, que le habló usted.