Los caminos del mundo

Los caminos del mundo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Otro problema lo tuvimos con el hábito. ¿Qué íbamos a hacer con el balandrán del padre Madruga? Tirarlo era peligroso. Quemarlo, no teníamos dónde.

Por indicación de Conchita decidimos que se hiciera con él un refajo, uno de esos refajos de aldeana pesados que hacen abultar el cuerpo.

María y Conchita se pusieron a coserlo a grandes puntadas, mientras Aviraneta y yo seguíamos discutiendo.

Por la tarde llegó Arquez y le contamos lo ocurrido. El hombre se quedó pasmado con los sucesos que le contamos; le dijimos que teníamos necesidad de encontrar otro rincón donde meternos.

—Mandadme —dijo él—. ¿Qué tenéis pensado?

Nosotros no teníamos nada pensado; no habíamos encontrado aún una solución aceptable. En esto Aviraneta vino con el anteojo en la mano.

—¡Diablo! —exclamó.

—¿Qué pasa?

—Que han abierto las ventanas de mi cuarto.

Cierto que podía ser el viento, o la patrona, que entrara a cualquier menester; pero temíamos que fuera la policía.

—Decidan ustedes algo —dijo Arquez.

Aviraneta comenzó a pasear por la habitación con la cabeza baja.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker