Los caminos del mundo
Los caminos del mundo —MarÃa entró en un convento de Austria. Antes tuvo memoria y envió una miniatura con un retrato suyo y una cantidad de dinero bastante grande al Majo de Maravillas, el chispero.
De todos nosotros no hubo más que uno que siguió en la brecha: Aviraneta.
Hace dos años me decÃan que habÃa tramado un proyecto para ir a Azcoitia y quemar la casa de Don Carlos estando el Pretendiente dentro.
No me choca. Aviraneta es un liberal y un patriota monomanÃaco. Ha presenciado tantos horrores, tantas brutalidades, que su alma está enconada y siempre intranquila…
—¡Pero qué energÃa indica eso! —dije yo.
—¡Ah! ¡Ya lo creo! —exclamó el barón—. El liberalismo en España ha tenido y tiene figuras admirables; pero nuestra historia de hoy es la historia de un paÃs pobre, exhausto, aniquilado por tres siglos de aventuras en América… A nuestros hombres les ha faltado el pedestal…, la masa, el pueblo… y también la cultura.
Estuvimos todos un momento sin hablar, embebidos en nuestras reflexiones.
—Bueno, caballeros, vámonos —dijo González Arnao.