Los caminos del mundo
Los caminos del mundo Pasadas dos semanas pensamos que la vigilancia de la policÃa habrÃa aminorado. Con esta idea hicimos que MarÃa y Conchita tomaran la diligencia y se encaminaran hacia Portugal y nos esperaran en Lisboa.
Una semana después Aviraneta se entendió con una partida de contrabandistas, y en unión de ellos entramos en Portugal.
Al llegar a Lisboa, un agente realista debió de sospechar de nosotros y nos denunció y nos persiguió, y nos vimos tan en peligro, que tuvimos que tomar un barco inglés que iba a Gibraltar. De aquà fuimos a Marsella y de Marsella, a ParÃs.
Dimos cuenta de nuestra gestión a la Junta y del dinero gastado, y yo me casé con Conchita. No tenÃa ganas de más conspiraciones ni de más enredos.
—Y ahora, ¿qué proyecta usted, Aviraneta? —le dije.
—Me voy a Méjico, a ver si hago un poco de dinero.
—¿Y después?
—Después a España. Yo no cedo. Hasta que no le vea ahorcado a Fernando VII, o por lo menos muerto por cualquier otro procedimiento, no estaré tranquilo…
—Y MarÃa Visconti, ¿qué fue de ella? —preguntamos Arnao y yo a un mismo tiempo.