Los caminos del mundo
Los caminos del mundo —Es un español amigo mÃo —contestó Aviraneta, riéndose también.
Ganisch nos llevó a su posada. Pregunté al patrón si los aliados, al cruzar por allÃ, habÃan hecho mucho daño.
—¿Daño? —contestó—. Nos han comido y bebido lo que habÃa, y algunos soldados sueltos han detenido a los pasajeros que han encontrado en el camino cerca del pueblo y les han quitado el dinero y el reloj. A las mujeres las han violado.
El patrón añadió que debÃamos avanzar con mucho cuidado y no ir por la carretera, aunque por otra parte tendrÃamos mucha dificultad para atravesar las montañas en coche, porque todos los caminos estaban cerrados con la nieve.
El hombre no era nada tranquilizador, y sus consejos no servÃan más que para dejarle a uno inquieto.