Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte Aquel domingo y en aquella hora no andaba nadie por la zona. Sin duda los pobladores de aquella aldea miserable, nacida al lado de una gran ciudad, habían salido, aprovechando la fiesta, a tomar el sol y el aire de la tarde de otoño tibia y soleada.
Ciertamente que no debía de ser muy tranquilizador el andar de noche por aquellos andurriales. Parecía que por allí el peligro de ser atacado y desvalijado era más que probable.