Los caprichos de la suerte

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El inglés tenía curiosidad y simpatía por Pagani. Le conocía de hacía bastante tiempo. Al saber que Escalante había hablado con él y le había encontrado muy derrotado, quiso preguntarle qué tal marchaba. Supo que vivía en el Hotel del Cisne de la calle de los Solitarios, le telefoneó y le invitó a cenar en un restaurant del bulevar Montmartre. Invitó también a Escalante y a Elorrio.

En el hotel donde se alojaba Evans había aparecido un señor y su criado. Hablaban el francés admirablemente. Decían que eran checos. Evans sospechaba que eran alemanes. Buscaba el señor hablar con Evans y Escalante y este decidió dejar el hotel.

Evans, que tenía curiosidad por Pagani, miró en el mapa de París y buscó la calle de los Solitarios, y tardó en encontrarla. Vio que estaba cerca de las Buttes Chaumont y tenía estación de Metro en una plaza próxima a la Plaza de las Fiestas, del barrio de Belleville. La plaza tenía un aire de barrio extremo y de ciudad de provincias, y un mercado bastante concurrido.

La calle de los Solitarios iba desde esta plaza a la de la Villete. Siguiéndola se llegaba a la calle de las Alondras, que pasaba cerca de un estanque que, al parecer, alimentaba el lago del parque de las Buttes Chaumont.

Este nombre poético, de las Alondras, sorprendió al súbdito británico.


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