Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte El marido era un hombre alto, guapo y de aire vulgar y de mal genio. Al parecer, quizá solo al parecer, su mujer le temía. El señor Latour resultaba un hombre fornido y cuadrado, con la cabeza también cuadrada, grande, las cejas rojizas y los ojos claros. Sus ademanes resultaban pesados, su voz bronca y las manos fuertes y velludas. Debía ser un hombre sombrío y violento, de los que no admiten réplicas.
A Madame Latour se la veía que estaba pendiente de su marido y al dirigirse a él lo hacía siempre con mucha amabilidad, con gran consideración. Tenía todo el aire de estar dominada por él. Él parecía un grognard[11] [ napoleónico. Ella semejaba una palomita jugando con un monstruo sombrío y malhumorado.
De los hijos, Dorina no se parecía mucho ni al padre, ni a la madre. Había heredado del padre la robustez; de la madre, la elegancia. Prometía ser una mujer muy arrogante y muy guapa.