Los caprichos de la suerte

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Madame Latour se puso delante de un espejo un sombrerito pequeño y se dispuso a su vez a salir también. Al verla la chica, que era muy juguetona, abrazó y besó a su madre. Se veía que sentía por ella un gran cariño. Madame Latour dijo que estaba harta de lagoterías de su hija, pero sin duda lo decía en broma.

—¿Cómo se dice câlinerie en español? —preguntó el comandante.

—Zalamería, mimo o cosa así —contestó Pagani.

Dorina salió de la sala y cinco o seis minutos después apareció con un abrigo, un sombrerito y una flor en el pelo. Su madre, al verla, recitó:

Mimi Pinson porte une rose,

une rose blanche du côté;

cette fleur dans son coeur éclose,

landerirette!

C´est la gaité[13].

—¿Es una canción de Alfredo de Musset? —preguntó Evans a Madame Latour.

—Sí.

—Bueno, pues vámonos —indicó Pagani.

Y salieron los tres en una dirección y Madame Latour en la contraria.


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