Los caprichos de la suerte

Los caprichos de la suerte

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—Entonces debe cantar —dijo Evans.

—Bueno, ya cantaré.

La chica cantó con graciosa malicia la canción de Mam-zelle Nitouche, «Le couvent, séjour charmant».

—Muy bien, muy bien —prorrumpió Evans al terminar—. Otra cosa.

Entonces Dorina cantó la relación de La Mascota, «Un jour un brave capitaine», dicha con mucha picardía, «La Paloma» de Iradier y «¡Ay, chiquita!» del mismo autor español.

—Ahora canta «Tout va tres bien, madame la Marquise»[12] —dijo Pagani.

Cuando concluyó de cantar aquello, Madame Latour hizo su entrada en el salón.

—Creo —dijo— que lo mejor que podían ustedes hacer los tres es dar un paseo por el parque de las Buttes Chaumont. Usted quizá no lo habrá visto —dijo a Evans.

—He pasado por él —contestó.

—Pues es cosa bonita y hoy, con el buen tiempo, estará seguramente delicioso.

—Pues por mí, vamos. Acepto la idea encantado.


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