Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte —Esa idea del hombre, aislándose para defender su obra personal contra los que le rodean, es una idea nietzscheana —dijo Elorrio—. Dondequiera que se constituye una sociedad poderosa, un estado, una religión, una opinión pública, decÃa el gran Federico, dondequiera que se establece una tiranÃa, se odia al filósofo solitario.
—¿Y eso por qué? —preguntó Gloria.
—Es fácil comprenderlo y asà nos lo demuestra su expositor. Porque la filosofÃa proporciona al hombre un refugio a donde el despotismo no puede alcanzarle con sus esbirros, desde cuyo interior el solitario le hace la higa al tirano.
—¿Qué asilo es ese?
—La caverna del mundo interior.
—Efectivamente, allà está a cubierto de leyes y disposiciones tiránicas.
—En cambio no lo están de otro peligro. El de que, rodeados como viven de las opiniones que reinan, su silencio se interprete por simpatÃa y sean juzgados sin exactitud, y se les presente aprobando lo que odian.
—TendrÃan que poner en claro…