Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte Las noticias recibidas por Gloria no eran regocijantes. La amiga suya, que vivía en una pensión easonense, informaba de lo ocurrido en un barco gubernamental, surto en el puerto de Bilbao, donde la tripulación había echado al agua a todos los oficiales. Luego habían recorrido los pueblos de la costa, exigiendo fuertes sumas a los comerciantes y a los ricos, haciendo una obra completamente de piratería. A los que estaban en las máquinas, treinta o cuarenta que eran vascos, los habían desarmado, y en cambio los marineros, sesenta o setenta, que pertenecían todos a la CNT y a la FAI, estaban magníficamente armados. Entre ellos había dos o tres con el pelo rizado y con cintas en el cuello, que eran bailarines o algo peor, y divertían en el barco a la tripulación.