Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte No era fácil el comprobarlo, porque la gente del pueblo, sobre todo la pobre, tomaba la actitud general del vecindario. No se iba a poner en contra de los que mandaban, porque todavía el rico se puede defender de la opinión que reina y de la marea que sube, pero el pobre no puede hacerlo y tiene que gritar con el que grita y amenazar con el que amenaza para ir viviendo.