Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte Se alejaron con marcha acelerada durante varias horas, y al amanecer descubrieron una vasta extensión de tierras pobres y desprovistas de todo cultivo. De trecho en trecho les salÃan al paso ruinas de casas, trincheras de rojos y de blancos abandonadas por las incidencias del sitio que a la capital tenÃan puesto en parte los nacionales.
Cuando se hizo de nuevo de noche, encontraron un pueblo y se acogieron a una posada. Comieron en el mesón y estuvieron escuchando a unos tipos que discutÃan sobre la polÃtica y el comunismo. Pidieron al patrón que les dejase dormir en un desván y en él se tendieron sobre montones de paja.
Al dÃa siguiente tomaron el camino que en la posada les indicaron, buscando sitio por donde cruzar el Jarama. VenÃa medio seco y lo pudieron atravesar sin la menor dificultad. Durmieron ese dÃa en una venta en Arganda.
Al tenderse Elorrio en un camastro empezó a recitar:
Arganda pueblo de bandas
comunistas y fascistas,
de curiosos ergotistas
de los que hay buenos ejemplos.
—¿Sabe usted hacer versos? —le preguntó el cómico.