Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte Desde el sitio que ellos contemplaban la fortaleza, la veían llena de agujeros en línea recta, lo que hacía suponer que en los días de su esplendor, el castillo había tenido varios pisos.
Al otro lado del pueblo de Fuentidueña se levantaba otra ruina informe. Las alturas próximas a la carretera eran en su mayoría de un terreno arenoso, suelto, lleno de piedras de color gris con matorrales de tomillo, y hacia la parte por donde se extendía la vega, había zonas cuadradas con juncos.
Elorrio se puso a recitar:
Castillo de Fuentidueña
ruina antes de templarios,
sin torres ni campanarios
donde anida la cigüeña.
Por casi todo el camino que siguieron pasaron por delante de cuevas donde vivían gentes pobres y chiquillos medio desnudos que corrían por los alrededores persiguiendo lagartijas y saltamontes.
Desde Fuentidueña del Tajo siguieron hasta rebasar Villarejo de Salvanés. Este pueblo mostraba un convento, una iglesia y un pequeño castillo.