Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte Siguiendo el camino en una de las aldeas, se detuvieron los dos viajeros a dormir en el portal de una casa, y la dueña les contó un sucedido bastante triste. Al parecer había cerca del pueblo un hospital de campaña. Una noche un soldado herido prisionero dejó el hospital, sin que le vieran los practicantes, entretenidos con una empeñada partida de naipes, y se escondió en el sótano de una casa próxima. Todo sucedió sin que nadie se diera cuenta, y por más que buscaron al soldado no le encontraron y tuvieron que darle por desaparecido.
Pasadas algunas semanas, comenzó a flotar por toda la casa un olor sumamente desagradable. Guiados por las emanaciones, bajaron a la cueva y hallaron en ella el cadáver del soldado, ya descompuesto, tendido sobre un montón de paja. Los del hospital le identificaron por la ropa, porque el rostro había desaparecido por la voracidad de una partida de ratas hambrientas.
Al alcanzar Utiel, pueblo ya valenciano que estaba desierto, anduvieron por la calle del Sarratillo, la más alta del pueblo. Durmieron en el corredor de una casa, y al levantarse y salir a la calle a una mujer que estaba barriendo la acera delante de su portal, le preguntaron:
—¿Hay coche para Valencia?
—No creo; tendréis que ir a pie.
—Mala cosa.
—A no ser que…