Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte —En el cuarto de usted y en el mÃo hay una puerta que comunica nuestras dos habitaciones. La puerta tiene un pestillo.
—SÃ, pero hay una cerradura además.
—Cierto, pero yo he pedido la llave a la criada diciéndole que no me ofrecÃa seguridad la puerta.
—¿Y se la ha dado?
—SÃ.
—Es usted maquiavélica.
—No es una bastante. Cuando yo tenga ganas de charlar con usted, le llamaré dando dos golpes en la puerta.
—Muy bien.
Pasó varias veces Elorrio al cuarto de la joven dama. Esta, que era muy alegre y divertida, cantaba cosas con gracia. Hablaron mucho, y ella y él estaban, en general, muy de acuerdo.
Se contaron sus respectivas vidas. Ella estaba casada y separada del marido.
—Mi marido es un vaina —dijo.
Al poco tiempo se hablaban de tú.