Los caprichos de la suerte

Los caprichos de la suerte

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Tuvo el enfermo la mala suerte de que el mar estuviera agitado y el barco se moviera mucho. Aquel pobre diablo no podía comer, devolvía lo que tomaba y cerca de Marsella, cuando abrigaba la esperanza de llegar a tierra, le comenzaron nuevos mareos y un vómito y quedó muerto. Nadie se ocupó de él, todo el mundo pensaba en su salvación y en nada más.

Al llegar a Marsella, Gloria vendió un reloj de oro y una pulsera con brillantes en una joyería y se marchó a París.

Elorrio fue al consulado y consiguió del cónsul que le diera un billete como indigente para El Havre. Le dijo que quería ir a América. Pensaba algún tiempo quedarse en París.

Gloria y Elorrio se dieron como punto de cita para encontrarse, una semana más tarde, la plaza del Palais Royal. Gloria tenía una amiga que vivía en el hotel de este mismo nombre, donde ella iría a vivir hasta que encontrara un acomodo. Elorrio podía preguntar por teléfono por la señorita Julia la española y decirle a qué hora podía estar Gloria en el hotel.



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