Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte Después Evans y Elorrio hablaron de los autores ingleses y de norteamericanos, mientras Abel Escalante trabajaba sin duda su venta, agotando todos los recursos para obtener el mejor resultado.
—¿Qué opinión tienen ustedes de los alemanes? —preguntó Evans a Elorrio.
—Poco. No he estado en Alemania.