Los caprichos de la suerte

Los caprichos de la suerte

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Yo de joven —indicó el señor viejo del hotel— cogí la época en que los españoles elogiaban todo lo alemán: la ciencia, la música y la filosofía. Yo no sentía ninguna hostilidad por los alemanes. La guerra del año 14 me parecía una de tantas para alcanzar la hegemonía de Europa. He estado varias veces en Alemania, he conocido varios alemanes en España; era gente amable y simpática, que se avenía a razones y no manifestaba sentimientos distintos a los demás. Recuerdo un grupo de cinco o seis que encontramos hace años en el monasterio del Paular. Eran todos jóvenes y casi todos electricistas, la mayoría bávaros y gentes del sur. Se manifestaban aficionados a la lectura. Unos leían a Carlyle, otros, a Dickens y otros, Don Quijote. El único petulante y soberbio era uno pequeño, rubio y chato. Este era prusiano. ¿Así que es usted prusiano?, se le preguntaba. Sí, gracias a Dios, contestaba él con seriedad. Yo había ido al campo con un suizo, amigo mío, muy culto. Los jóvenes alemanes hablaban con él, le llamaban señor doctor y le tenían muchas consideraciones. Entonces se discutía a Nietzsche, y el hablar de Nietzsche producía en los jóvenes alemanes una sonrisa, como si se tratara de algo demasiado debatido que no había que tomar en consideración. Un día se propuso que los que estábamos en el Paular fuéramos al pico de Peñalara, que se eleva dos mil trescientos o dos mil cuatrocientos metros sobre el nivel del mar, para ver desde allí salir el sol. Fueron con nosotros tres o cuatro muchachas. Los alemanes estuvieron muy atentos, desembarazaron a las muchachas, en la subida al monte, de los abrigos que les sofocaban, y a nosotros mismos, como más viejos, nos quitaron los gabanes para llevarlos ellos. Luego, en lo alto del monte, arreglaron una tienda de campaña, encendieron fuego, se mostraron amabilísimos y todo el mundo hizo grandes elogios de ellos. Años después, al finalizar la guerra del 14, estuve algunas semanas en Alemania y me chocó la sequedad y dureza de la gente, y la poca dignidad de los empleados de hoteles, oficinas y ferrocarriles, que pedían propinas de una manera cínica. Después no he vuelto a conocer alemanes. He visto por los periódicos la evolución de Alemania bajo el mando de Hitler y sus campañas de destrucción, de incendio, de asesinato y de robo en Austria, Checoslovaquia y Polonia.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker