Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte El de Julia era francés y se habían divorciado de común acuerdo, ofreciéndose ella como víctima para obtener mayores ventajas, y sacrificando él su dinero para poder conseguir su tranquilidad. El de Gloria era español, como ella, y antes de separarse se habían pegado de lo lindo, y solo después de saciarse en las palizas respectivas habían decidido vivir cada cual por su lado, sin tener que rendirse cuentas de ninguna clase, con la más absoluta libertad. El matrimonio había tenido un hijo, pero había muerto antes de cumplir los dos años.
Gloria había contado a Escalante con todo detalle cómo se había desarrollado su odisea conyugal. En los primeros tiempos, mientras el marido sentía entusiasmo por ella, la vida pareció normal. Cuando se anunció la llegada del hijo, el marido empezó a recobrar su libertad para andar detrás de otras mujeres. Llegado el hijo, no produjo entusiasmo en el hombre. Pareció que al principio retornaba el entusiasmo por su mujer, pero pronto comenzaron las disidencias entre los cónyuges, llegados a una situación lamentable. El marido comenzó a salir de noche solo, a volver a casa en las altas horas de la madrugada, borracho, y a la menor queja de la mujer, a la más suave réplica, se lanzaba a pegarla como pudiera hacerlo un gañán o un chulo de las afueras.