Los pilotos de altura
Los pilotos de altura LOS NEGREROS DE OCASIÓN[87]
UN DÍA VINO CHIMISTA A VERME, Y ME DIJO:
—No he encontrado ningún empleo que valga gran cosa. Me han ofrecido el ser capitán de un barco negrero, y lo he aceptado; si tú quieres, puedes venir de piloto.
—Muy bien. ¿Qué se gana?
—Tú ganarás ochenta duros al mes, y seis por cabeza de negro que llegue a salvo[88].
—¿Cuántos negros se podrán traer en un viaje?
—Yo espero que unos quinientos.
—Entonces es un buen negocio. ¡Tres mil duros de comisión!
—Eso es.
—Está muy bien.
—¿De modo que aceptas?
—Sí.
—A Tricu le ofrecí la plaza de contramaestre o de guardián, y no quería; decía que le dan mucha pena los negros. Es un sentimental.
—¿Y va?
—Sí; al fin se ha decidido. Commoro es irreductible; dice que solo en la época en que él no tenía conciencia pudo traficar con sus semejantes.
—¿Y qué ha hecho?
—Se ha ido a Charleston, y va a entrar de contramaestre en el brick de la señora Warden.