Los pilotos de altura

Los pilotos de altura

IV

«LA AVENTURA» Y SUS TRIPULANTES

EL ARMADOR DE NUESTRA PRIMERA EXPEDICIÓN era Manzanedo el Montañés. Un agente de Manzanedo había comprado en el puerto de La Habana un bergantín goleta de dos gavias, norteamericano, llamado La Aventura. Mandaría como capitán la expedición José Chimista; el factor comprador de negros sería un tal Carvalho, portugués, de Setúbal, y el primer piloto, yo. Chimista dijo varias veces:

—Suerte behar duena behar da («La suerte que hay que tener se tiene»). —Y después añadió—: Bila dezatela ditxa ziok («La fortuna quiere que se la busque»).

—Nada, nada; iremos a buscarla —contesté yo.

La Aventura costó al Montañés veinte mil pesos, y se habilitó para negrero; se le puso una gran coliza giratoria en el centro del buque, oculta por mamparos, y cuatro carronadas de catorce.

Las carronadas eran cañones con cureñas fijas de madera y solían quedar atados a la borda con calabrotes en dos argollas.


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