Los pilotos de altura

Los pilotos de altura

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Ninguno de los dos hermanos sentía afición por el mar ni sabía gran cosa de pilotaje. No sé qué hubieran hecho en una situación apurada. En la travesía, el tiempo fue magnífico, y llegamos sin ningún incidente a El Ferrol[156]. Escribí allí una solicitud a la Comandancia de Marina exponiendo que había perdido mi nombramiento de segundo piloto, y por recomendación de algunos amigos influyentes me mandaron el nuevo nombramiento a Santander.

De Santander fui a Bilbao, donde encontré a un paisano de Elguea, que me dio noticias de mi casa. Mi madre seguía bien, y mi padrastro, al parecer, no marchaba muy boyante en sus negocios. Me pareció que con estas noticias había satisfecho mis preocupaciones familiares, y como me encontraba fuerte, me decidí a volverme a Cuba.

Encontré plaza de piloto en la fragata Cantabria, con escala en Puerto Rico. Los primeros días marchábamos bien; pero al noveno, ya pasada la isla de Madera, el barómetro bajó mucho y hubo que tomar precauciones[157]. Era el tiempo del cordonazo de San Francisco, y el cordonazo del santo nos azotó de lo lindo.

A las diez de la noche del noveno día se nos echó encima una gran tormenta; el viento huracanado gemía y aullaba en las velas, tomando todos los tonos; a veces parecía reír, con una risa de locura y de rabia, y a veces resonaba como el trueno[158].


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker