Los pilotos de altura
Los pilotos de altura Al llegar a Río de Janeiro pasé una semana reponiéndome, porque estaba verdaderamente cansado. Me encontré con un paisano capitán de barco, que iba a Cuba, y me marché con él. Cuando hice el balance de mis ganancias durante la temporada, vi que no llegaban a quinientas pesetas. Indudablemente era mejor Sierra Leona y los ingleses que las tempestades del cabo de Hornos[183].