Los pilotos de altura
Los pilotos de altura Céspedes me dijo que había encontrado un piloto excelente. Cuando le vi me quedé sorprendido: era Hertz, el reclutador de falsas tripulaciones de Nueva Orleans, el amigo del Vizconde. Hertz estaba muy variado; tenía unas placas rojas en la cara, muy feas, y una pierna que le renqueaba. Algún engañado por él le había herido en la pierna de un tiro. Él me conoció en seguida y me dijo que la vida se le había hecho imposible en Nueva Orleans.
Yo indiqué al señor Céspedes la clase de oficio que tenía Hertz en los Estados Unidos, pero el armador no le concedió a aquello mucha importancia. Yo le dije: «Está bien. A mí nada me importa». Acepté a Hertz con la idea de vigilarle constantemente.
Como el capitán general de la isla de Cuba había ordenado por entonces que no saliera de La Habana ningún buque para las costas de África, los comerciantes negreros decidieron mandar sus barcos a Cabañas, en donde se formó una colonia negrera de alto bordo. Céspedes determinó mandar La Clemencia a Cabañas en lastre. De segundo piloto tomé a un catalán, Soler, y de tercero, a un andaluz, Casado. En Cabañas comenzaron a estibar las pipas de la aguada.