Los pilotos de altura
Los pilotos de altura EL ESCEPTICISMO DE SHANGUI-SHANGA
DESPUÉS CHIMISTA ME QUISO LLEVAR a ver al reyezuelo de la tribu, que era amigo suyo. Este reyezuelo, Shangui-Shanga, era viejo, de buen aspecto, y vestía una casaca roja, pantalones blancos, polainas y tricornio con una pluma de avestruz.
Shangui-Shanga tenía una choza de cañas de bambú, un patio con un pequeño cementerio de la familia y un museo con los cráneos de todos los enemigos vencidos por él, clavados en estacas, unidos a cabezas de elefantes, leones, tigres y chacales.
Era su Saint-Denis o su Escorial[199]. Aquel panteón victorioso olía a perro, como todos los panteones, sean de reyes o de esclavos. Sobre las tumbas se veían trozos de vasijas rotas; en medio, una mesa para los ídolos. Entre estos ídolos, hechos de barro, vimos uno, con ojos de cristal y con un traje de cortezas de árbol, verdaderamente horrible.
El reyezuelo Shangui-Shanga nos recibió en su habitación, mandó que nos sirvieran aguardiente en unas copas pequeñas, y luego él bebió lo que quedaba en la botella.
Shangui-Shanga había aprendido un lenguaje mixto de español, inglés y portugués; se veía que era más inteligente que los demás jefes.
Después de beber, mirándonos a Chimista y a mí, dijo con un aire de curiosidad y de malicia burlona: