Los pilotos de altura
Los pilotos de altura —Yo querer hacer a vosotros una pregunta.
—Haz la pregunta —indicó Chimista.
—Yo no comprender cómo los blancos, tan sabios…, hacer pólvora y escopetas tan buenas, trajes bonitos, barcos hermosos, luego pueden creer que los hombres, después de muertos y metidos en tierra y podridos, resucitar en el cielo… Eso, para mÃ, tonterÃa…, tonterÃa grande…, ilusión, nada más.
—Pero los blancos no creen que resucita el cuerpo podrido, sino el alma —contestó Chimista.
—Eso, yo no comprender… Para mÃ, tonterÃa grande…, ilusión, nada más —repitió el negro.
—Pero también se mete una semilla, un grano en tierra y sale luego una planta —repliqué yo.
—No ser igual… —replicó él vivamente—. Semilla ser como un huevo…, dentro la vida nueva; pero gallina vieja, muerta y podrida, no renacer nunca…, hombre, tampoco…
—Tienes razón, Shangui-Shanga —contestó Chimista—. Nadie sabe todo, ni los negros ni los blancos, y el mundo, la esencia del mundo, es cosa ignorada, que nadie conoce y nadie conocerá.