Los pilotos de altura
Los pilotos de altura EN TIEMPO DE LA GUERRA ÚLTIMA[2], algunos pequeños puertos vascos, que durante siglos no habían botado en sus astilleros más que lanchones, gabarras y balandras, se lanzaron a construir embarcaciones de alto bordo[3]. Uno de estos pueblos fue Elguea[4]. En la ría de Elguea, Azurmendi, Shempelar y Compañía plantaron un astillero e hicieron un gran pailebote de quinientas toneladas, que constituyó su gran esfuerzo.
Fuimos a presenciar la botadura de este barco tres amigos.
De los tres amigos, el uno era bibliófilo; el otro, genealogista, y el tercero, yo, más o menos conocido como fabricante de novelas.
El bibliófilo poseía un hermoso automóvil y consideraba toda ocasión propicia para la rebusca de libros raros; el genealogista andaba a la caza de genealogías y de ejecutorias; yo me desplazaba sin un objetivo tan claro y determinado.
Después de presenciar el momento solemne en que el barco construido, lleno de gallardetes a proa y popa, entraba en la ría, pensamos dejar el pueblo e ir a visitar una pequeña tienda de antigüedades, donde solían verse cosas curiosas, auténticas y falsificadas; sobre todo falsificadas.
