El dolor paraguayo
El dolor paraguayo No tienen las guerras por lo común la funesta influencia que podría suponerse en el desarrollo económico del mismo pueblo vencido. La prosperidad norteamericana después de la Secesión, el levantamiento admirable de Francia a raíz de los desastres del 70, son ejemplos clásicos de lo poco que estorba una repentina desaparición de capitales a la marcha normal de la producción colectiva. Hasta se atrevería el historiador belicoso a sostener que una breve serie de combates es una higiénica poda del árbol social, más retoñado y robusto al día siguiente de la lucha. «Una noche de París, decía Napoleón ante el campo de batalla empapado en sangre y cubierto de víctimas, remediará todo esto». Igual que la carne herida se sana la riqueza mutilada. La vida elástica rebota después del choque y se eleva con furia.
Un hecho curioso confirma lo anterior. Se ha observado que cada uno de los periodos que median de una crisis comercial o Krach general, a otra, dura nueve años. Coincidencia fortuita tal vez. He aquí algunas fechas:
1864—Crisis del algodón, Estados Unidos.
1873—Valores emitidos por Austria.
1882—Krach de los Bancos Franceses.
1891—Krach Baring. República Argentina.
1900—Fracaso de la Exposición Universal.