El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Relación de un empleado
«Si aseguro que no soy rico, se me creerá probablemente. Lo peor es que, de cuando en cuando, se necesita gastar más dinero del que hay, porque la resignación es poca, y las tentaciones muchas, como debe decir la Biblia en alguna parte.
En una de estas ocasiones llenas de pecado me dijo un amigo:
—No necesitas molestar a nadie. Tratándose de esa pequeña suma, y a fin de mes como estamos, nada te será más fácil que vender tu sueldo. Hay aquà un banco, una verdadera Providencia que satisfará tu capricho mediante un interés muy razonable.
Pido perdón por descubrir a la faz del pueblo estas intimidades. Sé perfectamente que a nadie le importan. Pero, paciencia, que ahora viene el interés:
—Y… ¿cuánto llevan?
—El dos mensual.
Cosa hecha, pensé. El 24% al año no es nada, en paÃses donde la plata se gana a espuertas. Vamos allá.
Banco X… he aquà el nombre indicado, sigue reflexionando. Han de llover sobre este establecimiento bendiciones de los que tienen hambre y sed de un poco de oro. ¡Oh beneficios del crédito, base del comercio, fuente de la prosperidad de las naciones!
