El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Muchos se felicitan que entre dinero en el paÃs. Se figuran que el dinero es riqueza. No; no hay más riqueza que el trabajo. ¿Existe acaso el propósito de emplear el empréstito exclusivamente en multiplicar el trabajo? ¿Se ha pensado en eso? ¿Hubo alguien capaz de pensar en eso?
Por de pronto, el empréstito representa una deuda; esto sà que es indiscutible. Una carga que juntar con las que ya abruman a la nación.
Lo grave es que la carga se distribuye desigualmente. Cuando una persona administra mal sus bienes, y para retardar la bancarrota pide prestado, recibe bastante menos de valor nominal. El resto queda en las garras del usurero y de los intermediarios. Se introducirá moneda en el mercado; se producirá matemáticamente el alza del precio de los artÃculos; padecerá el pobre, lo que no importará gran cosa a los que se enriquecieron en la operación.
La parte inmoral del asunto consiste en esto: lo que tal vez resulte para la colectividad un negocio desastroso resulta un negocio soberbio para unos cuantos particulares. Nada bueno puede provenir de una fuente inmoral. Los pueblos más atrasados e infelices de ambos continentes son los que más empréstitos han hecho.
