El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Permitidle un poco de alivio. Subid su salario, o siquiera pagádselo. Toleradles algunas horas de ociosidad. Entonces ¿y qué mayor prueba de que son desgraciados?, les veréis tumbados boca arriba, mirando a las nubes, soñando; si tienen un puñado de pesos, los tirarán enseguida en alcohol o en jugar; la lujuria les asalta, y olvidan el dolor de su servidumbre ante el cuerpo sumiso de la hembra, Y si no hay plata ni amor preferirán dormir, dormir, no pensar en nada. Ningún pueblo del mundo más supersticioso y alucinado; ninguno más indiferente a la muerte y a la prosperidad.
Inteligentes con esto, ingeniosos y sutiles como todos los oprimidos. Pero su misma inteligencia les aconseja la pasividad, el desdén, el estoico silencio. Están enseñados por la historia de tres siglos.