El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Y obrero no significa únicamente el que obra la materia muerta, el que batalla para recular las fronteras físicas de lo posible y para perseguir, aprisionar y domar las ciegas energías de la naturaleza; significa, sobre todo, el que obra la materia viva; el que amasa la arcilla y también la carne y el espíritu; el que edifica con dura roca la ciudad del porvenir y también con su propio cuerpo, con su propia razón; el que lanza al azar, a la noche fecunda, la simiente de la cosecha invisible y la idea a las almas desconocidas, remotas, que nos miran en el silencio y en la sombra. Por eso lanzo hacia vosotros la vitalidad y la fe de mis palabras.
Socialistas, anarquistas, neomísticos, neocristianos, espiritistas, teósofos… ¿Qué quiere decir todo esto? ¿Qué quiere decir esta universal reacción hacia lo religioso, esta filosofía que se vuelve sentimental y profética, esta literatura preocupada del más allá, estos poetas, historiadores y críticos que se hacen reformadores sociales, estos propagandistas de unas bellezas que se habían declarado inútiles? ¿Qué quiere decir este renacimiento de la inquietud, del misterio, de la sagrada angustia salvadora de gérmenes?