El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Y ese oro simbólico, esa linfa generosa que correrá para todos, que no se apartará de la desdicha para seguir a los falsos dichosos, ni huirá del hambre para halagar la hartura, ni abandonará la desesperación y la agonÃa para colmar el tedio y la ociosidad ¿de dónde la sacaremos? ¿Por dónde fluye su corriente secreta? ¿Qué peña hay que herir? ¿A qué firmamento debemos clamar?
¿Llamaremos al corazón de nuestros hermanos? Algunos corazones son cofre de avariento, que guardan el oro contaminado. No os molestéis en llamar a las puertas de la avaricia, altas y negras como las de la muerte. Jesús llamó y las puertas temblaron, pero no se abrieron. Antes se abrirán hasta abajo las aguas del mar, y las arenas del desierto.
¿Y qué obtendrÃamos? ¿Qué es lo que nos hace falta?
¿Capital?