El dolor paraguayo

El dolor paraguayo

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—Por lo del análisis.

—¿Qué análisis?

—¿Cómo? ¿No sabe usted que a la entrada de la ciudad un químico (y me lo nombró) aparece de vez en cuando con los vigilantes, detiene a las campesinas, mete un tubo en la leche, la derrama toda en tierra si lo cree oportuno, y multa a las infelices?

—¿Y eso pasa con frecuencia?

—Se me figura que es cuando se necesita dinero. La mitad de la multa es para el químico.

—Pero señora, supongo que aquí, como en otras partes, algunos tramposos le echarán agua a la leche. El tubito en cuestión, sirve para delatarlo. No haga usted caso, replicó la señora de A… riendo. Yo no echo agua en la leche que mando a mis parientes, y sin embargo me la han tirado también a mí y me han multado. A una prima que estaba delicada de salud, la envié expresamente lo que llamamos apoyo, es decir, lo último que se ordeña, lo más rico y mantecoso. Pues bien, hubo derramamiento y multa. A eso van y no a analizar. La mañana en que despojan a una mujer, las despojan por lo común a todas. A veces se guardan la leche en la comisaría. ¿Quiere la contraprueba? Por gusto y diversión varias vendedoras han llevado pequeñas cantidades de leche con la mitad de agua. Metieron el tubo y no objetaron nada aquel día. Yo mismo he hecho la prueba.

—¡Qué barbaridad!


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