El dolor paraguayo
El dolor paraguayo —Como esas desgraciadas no suelen ir al mercado con otra fortuna que su carga de leche, tienen que satisfacer por lo general la multa mediante las humildes alhajas con que se adornan, y que no recobran jamás. Por supuesto que nunca las dan recibo.
—¿Y si fueran hombres, y no mujeres?
—No. Los hombres no se arriesgan a acercarse a la capital, porque tienen más miedo que las mujeres.
—¿Miedo a qué?
—A que los detengan en la calle sin ningún pretexto, o con el pretexto de que están descalzos, los arrastren a la policÃa y los multen. Mis peones no se arriesgan a visitar la Asunción por mucho interés que tengan en ello. Y asà en todo Lambaré.
Esta es la patria, si es patria todavÃa la región donde ocurren estas cosas.