El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Escudriñad bajo la selva: descubriréis un fardo que camina. Mirad bajo el fardo: descubriréis una criatura agobiada en que se van borrando los rasgos de su especie. Aquello no es ya un hombre; es todavía un peón yerbatero. Hay quizás en él rebelión y lágrimas. Se ha visto a mineros llorar con el raido a cuestas. Otros, impotentes para el suicidio, sueñan con la evasión. Pensad que muchos de ellos apenas son adolescentes.
Su salario es ilusorio. Los criminales pueden ganar dinero en algunos presidios. Ellos no. Tienen que comprar a la empresa lo que comen y los trapos con que se visten. En otro artículo daré a conocer los precios. Son tan exorbitantes que el peón, aunque se mate trabajando, no tiene probabilidad de saldar su deuda. Cada año la esclavitud y la miseria se afirman más irremediablemente en una maldición sola. El 90% de los peones del Alto Paraná son explotados sin otra remuneración que la comida. Su suerte es idéntica a la de los esclavos de hace dos siglos.
