El dolor paraguayo
El dolor paraguayo ¡Y qué comida! Por lo común se reduce al yopará, mezcla de maíz, porotos, charque (carne vieja) y sebo. Yapará por la mañana y por la noche, toda la semana, todo el mes, todo el año. Alimento tan ruin y tan exclusivo bastaría por sí a dañar profundamente el organismo más robusto. Pero además se trata, sobre todo en el Alto Paraná, donde los horrores que cuento llegan a lo inaudito, de alimentos medio podridos. El charque elaborado en el sud paraguayo contiene tierra y gusanos. El maíz y los porotos son de la peor calidad y transportados a largas distancias se acaban de corromper. Esta es la mercadería reservada especialmente a la gleba de los yerbales y pasada de contrabando de una república a otra por los honorables bandoleros de la alta banca. Así se come en la mina; ninguna labradora civilizada consentirá en cebar con semejante bazofia a sus puercos.
La habitación del obrero del yerbal es un toldito para muchos, cubierto de ramas de pindó. Vivir allí es vivir a la intemperie; se duerme en el suelo, sobre plantas muertas, como hacen los animales. La lluvia lo empapa todo. El vaho mortífero de la selva penetra hasta los huesos.
Al hambre y a la fatiga se añade la enfermedad. Esta horda de alcohólicos y de sifilíticos tiembla continuamente de fiebre. Es el chucho de los trópicos. La tercera parte se vuelven tísicos bajo la carga de mulo que les echan encima.