El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Se condena la violencia, pero somos hijos de ella, y por ella nos defendemos de los criminales y de los locos, y mediante ella dominamos los espasmos del mar y del viento. Eliminar la violencia es un quimérico ideal; el mundo tiene un aspecto mecánico, en que necesariamente sobreviven las energías, no por ser más justas, sino por ser mayores. Nuestro ideal no debe ser suprimir la violencia, sino juntarla con la justicia; desprenderla del pasado y vincularla al porvenir. Los trabajadores han experimentado la eficacia decisiva de la violencia. Jamás ha mejorado su situación por el altruismo de los capitalistas, sino por su miedo. «En Francia, dice Buyll, la legislación social ha sido impuesta pieza a pieza por los movimientos de la calle o por la agitación de las reuniones y de la prensa… El proyecto de la jornada de ocho horas en las minas se aprobó en plena movilización del ejército de hulleros… No se hubiera llegado en Inglaterra a fijar la duración de la jornada legal en las minas sin la imponente organización y la periodicidad de los congresos obreros que allí trabajaban». ¿Acaso hubiera hecho Rusia lo que ha hecho en favor de las masas populares sin el levantamiento de 1905?